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Plan de Lectura Bíblica Cronológica - Día 311

Tema: La muerte en la cruz, el centurión y la sepultura
7 de noviembre de 2026 por
Plan de Lectura Bíblica Cronológica - Día 311
CRECER EN CONOCIMIENTO, CEC

Ayer contemplamos el juicio de Jesús ante Pilato, la liberación de Barrabás y la condena del único hombre verdaderamente inocente. También fuimos testigos de Su sufrimiento y de Su muerte en la cruz, acontecimientos que marcaron el cumplimiento del plan redentor de Dios. Hoy continuaremos profundizando en las últimas horas de Jesús, siguiendo los relatos de Marcos y Lucas. Veremos cómo, incluso en medio de la agonía, Cristo manifestó Su fidelidad al Padre, cómo un centurión romano reconoció Su verdadera identidad y cómo algunos hombres, que hasta entonces habían permanecido en un segundo plano, se encargaron de darle sepultura. La lectura de esta jornada nos invita a contemplar el significado de la muerte de Jesús, la respuesta de quienes fueron testigos de ella y la importancia de permanecer fieles a Dios incluso cuando parece que todo ha terminado.

1. Enseñanza Devocional (Tiempo estimado: 8 minutos)

El capítulo 15 de Marcos y el capítulo 23 de Lucas nos presentan los acontecimientos que rodearon la crucifixión de Jesús. Después de ser condenado, los soldados lo llevaron al Gólgota, obligando a Simón de Cirene, que regresaba del campo, a cargar con Su cruz. Allí crucificaron a Jesús entre dos malhechores, cumpliendo así las Escrituras que anunciaban que sería contado entre los pecadores. Mientras permanecía en la cruz, fue objeto de burlas, insultos y desprecio por parte de los que pasaban, de los principales sacerdotes y de los soldados. Sin embargo, en medio de aquel sufrimiento, Jesús pronunció palabras que revelan la profundidad de Su misericordia: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Incluso en el momento de mayor humillación, Cristo no respondió con odio ni venganza, sino con perdón. Lucas también recoge el encuentro con uno de los malhechores crucificados a Su lado, quien reconoció su propia culpabilidad y defendió la inocencia de Jesús. Al pedirle que se acordara de él cuando viniera en Su reino, recibió una promesa extraordinaria: estaría con Cristo en el paraíso. Este episodio nos recuerda que la salvación no se obtiene por méritos humanos, sino por la gracia de Dios recibida mediante la fe.

Durante las horas de la crucifixión, una oscuridad cubrió la tierra y Jesús entregó Su vida después de clamar a gran voz. Marcos destaca la reacción del centurión romano que estaba frente a Él, quien al verlo morir declaró: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». Lucas recoge igualmente su reacción, señalando que glorificó a Dios y reconoció que Jesús era un hombre justo. Resulta especialmente significativo que un oficial romano, perteneciente al ejército que ejecutaba la sentencia, llegara a reconocer la identidad y la inocencia de Cristo. También estaban presentes algunas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea y que lo habían servido, observando de cerca lo que sucedía. Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, según el relato de Marcos. Su presencia demuestra la fidelidad de quienes, incluso en medio del dolor y el desconcierto, permanecieron cerca del Maestro. La muerte de Jesús parecía representar el fracaso de todas las esperanzas de Sus seguidores, pero en realidad estaba cumpliendo el propósito de Dios para la redención de la humanidad.

Después de la muerte de Jesús, aparece José de Arimatea, un miembro respetado del concilio que también esperaba el Reino de Dios. Marcos señala que tuvo valor para presentarse ante Pilato y pedir el cuerpo de Jesús. Lucas añade que era un hombre bueno y justo que no había consentido en la decisión ni en los hechos de los demás miembros del consejo. Pilato, después de confirmar con el centurión que Jesús había muerto, autorizó la entrega del cuerpo. José lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en una roca, donde todavía nadie había sido sepultado. Algunas mujeres observaron cuidadosamente dónde lo colocaban y prepararon aromas y especias para regresar después del día de reposo. La sepultura confirma que Jesús había muerto verdaderamente y marca el final de aquella jornada de sufrimiento. Sin embargo, el relato deja abierta una expectativa: aunque todo parecía haber terminado, el propósito de Dios todavía no había llegado a su desenlace.

Reflexión: La lectura de hoy nos permite contemplar diferentes respuestas humanas ante la cruz: encontramos burladores que rechazan a Jesús, un malhechor que reconoce su necesidad de salvación, un centurión que reconoce Su verdadera identidad, mujeres que permanecen fieles y un hombre como José de Arimatea que se atreve a manifestar públicamente su respeto por Cristo. Cada uno nos invita a examinar nuestra propia respuesta ante el sacrificio de Jesús. ¿Somos capaces de reconocer nuestra necesidad de Su gracia, incluso cuando hemos cometido errores que parecen irreparables? ¿Permanecemos fieles cuando seguir a Cristo implica dolor, incertidumbre o exponernos ante los demás? El malhechor nos recuerda que nunca es tarde para acercarnos sinceramente al Señor, mientras que José y las mujeres nos enseñan el valor de la fidelidad cuando las circunstancias parecen desfavorables. La cruz nos muestra que el amor verdadero no abandona, no se venga y no pierde su propósito ante el sufrimiento. Que nuestra respuesta al sacrificio de Cristo sea una vida de fe, gratitud, valentía y compromiso con Aquel que entregó Su vida por nosotros.

2. Lectura Bíblica (Reina Valera)

  • Pasajes: Marcos 15 y Lucas 23.

3. Preguntas de Comprensión

  1. Según Lucas 23, ¿qué petición hizo uno de los malhechores crucificados junto a Jesús y qué respuesta le dio el Señor?

  2. ¿Qué declaración realizó el centurión romano después de presenciar la muerte de Jesús, según Marcos 15?

  3. ¿Quién fue José de Arimatea, qué pidió a Pilato y dónde colocó el cuerpo de Jesús?

4. Versículo Clave para Memorizar

«Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.» — Lucas 23:43 (RVR1960)