Ayer fuimos testigos del peligroso decreto de Amán y de la valiente decisión de Ester de interceder por su pueblo. En la lectura de hoy, observaremos cómo la justicia y el rescate de Dios operan de forma perfecta y milimétrica. Veremos a Ester arriesgar su vida, el orgullo ciego de Amán y cómo un simple insomnio real cambia el curso de la historia, revirtiendo los planes de destrucción del enemigo.
1. Enseñanza Devocional (Tiempo estimado: 5 minutos)
Al tercer día de ayuno, Ester se viste con sus ropas reales y se presenta en el atrio interior del palacio. Al verla, el rey Asuero le extiende el cetro de oro en señal de gracia y le ofrece concederle hasta la mitad de su reino. Ester actúa con prudencia e invita al rey y a Amán a un banquete privado esa misma tarde, y durante la recepción, los vuelve a invitar a un segundo banquete al día siguiente. Amán sale del palacio feliz y orgulloso, pero al ver que Mardoqueo sigue sin postrarse ante él, su gozo se transforma en amargura. Siguiendo el consejo de su esposa y amigos, Amán manda construir una horca gigantesca de cincuenta codos de altura para colgar a Mardoqueo a la mañana siguiente.
Esa misma noche, el rey sufre de insomnio y ordena que le lean el libro de las crónicas de la corte. Al hacerlo, descubre que Mardoqueo nunca recibió una recompensa por haber delatado una conspiración contra su vida tiempo atrás. Justo en ese momento, Amán entra al atrio para pedir la ejecución de Mardoqueo. El rey lo interrumpe y le pregunta qué se debería hacer al hombre cuya honra desea el rey. Pensando que el rey habla de él, Amán propone un desfile de honor; para su horror, Asuero le ordena hacer exactamente eso con Mardoqueo, obligando a Amán a honrar públicamente a su archienemigo antes de regresar a su casa humillado y cubierto de luto.
Finalmente, se celebra el segundo banquete. El rey le reitera su promesa y Ester revela su petición: ruega por su vida y la de su pueblo, denunciando que han sido vendidos para ser exterminados. Cuando el rey, enfurecido, pregunta quién es el autor de tal maldad, Ester acusa directamente al malvado Amán. Aterrorizado, Amán suplica por su vida, pero el rey ordena inmediatamente que sea colgado en la misma horca de cincuenta codos que él había preparado para Mardoqueo.
Reflexión: Esta primera parte del relato nos muestra de manera magistral la providencia divina. Aunque el nombre de Dios no se menciona en el libro de Ester, Sus huellas están en todas partes. Desde el favor inmerecido del cetro extendido hasta un "casual" insomnio nocturno que saca a la luz la fidelidad de Mardoqueo en el instante exacto. Dios orquesta cada detalle para desbaratar los planes del enemigo. Nos enseña que el orgullo del malvado construye su propia destrucción y que, cuando damos un paso de valentía en obediencia (como Ester) o nos mantenemos íntegros sin buscar reconocimiento (como Mardoqueo), el Señor siempre sabe cómo y cuándo levantar nuestra cabeza y vindicarnos frente a nuestros adversarios.
2. Lectura Bíblica (Reina Valera)
Pasajes: Ester 5, Ester 6 y Ester 7.
3. Preguntas de Comprensión
Según el relato de Ester 5:14, ¿de qué altura exacta (en codos) mandó construir Amán la horca destinada a Mardoqueo tras seguir el consejo de su esposa Zeres y de sus amigos?
En Ester 6:6-9, ¿qué tres honores específicos sugirió Amán que se le dieran al "hombre cuya honra desea el rey", pensando equivocadamente que se trataba de él mismo?
De acuerdo con los eventos de Ester 7:9-10, ¿quién fue el eunuco que sugirió al rey Asuero el uso de la horca construida por Amán para ejecutar al propio primer ministro?
4. Versículo Clave para Memorizar
«Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.» — Ester 7:3 (RVR1960)