Inauguramos un nuevo segmento que abarca los libros de Esdras, Ester y Nehemías. Su enfoque principal estará en el decreto de Ciro, la providencia de Dios en Persia protegiendo a los judíos, y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Comenzaremos hoy con los capítulos 1, 2 y 3 de Esdras, viviendo en primera persona el emocionante fin de los 70 años de cautiverio y el retorno del primer remanente a la tierra prometida.
En la lectura de hoy seremos testigos de cómo Dios mueve el corazón del rey de la potencia mundial de la época para cumplir Sus promesas proféticas, y acompañaremos a un pueblo valiente que, tras décadas en el exilio, regresa a sus ruinas ancestrales para levantar de nuevo el altar de adoración.
1. Enseñanza Devocional (Tiempo estimado: 8 minutos)
Esdras 1: Se cumple el tiempo señalado por Jeremías. En el primer año de Ciro, rey de Persia, Jehová despierta el espíritu del monarca para que proclame un edicto por todo su reino, permitiendo y financiando el regreso de los judíos a Jerusalén para reedificar la casa de Dios. Ciro no solo los despacha con ofrendas voluntarias de oro, plata y bienes de los ciudadanos locales, sino que además devuelve los utensilios sagrados del Templo que Nabucodonosor había robado y colocado en los templos de sus dioses paganos, entregándolos en manos del príncipe Sesbasar (Zorobabel).
Esdras 2: Este capítulo registra de manera detallada el censo y registro genealógico del primer remanente que se levantó para regresar, liderado por Zorobabel y el sumo sacerdote Jesúa. Cerca de 42,360 personas (más siervos y cantores) componen este grupo de valientes que decide abandonar las comodidades de Babilonia para reconstruir su patria desolada. Al llegar al lugar del Templo en Jerusalén, los jefes de las casas paternas ofrecen generosamente según sus fuerzas para los tesoros de la obra.
Esdras 3: Al llegar el séptimo mes, el pueblo se reúne unánimemente en Jerusalén. Lo primero que hacen Jesúa y Zorobabel es reconstruir el altar del Dios de Israel sobre sus antiguos cimientos para ofrecer holocaustos y celebrar la Fiesta de los Tabernáculos, a pesar del miedo que les infundían los pueblos vecinos. En el segundo año de su llegada, se organizan los trabajos y los levitas supervisan la obra. Al colocarse los cimientos del nuevo Templo de Jehová, los sacerdotes y cantores alaban con trompetas y címbalos diciendo: «Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel». El día cierra con una mezcla conmovedora de emociones: los más jóvenes gritan de gran alegría, mientras que los ancianos que habían visto el esplendor del primer Templo de Salomón lloran en alta voz, confundiéndose los sonidos en la distancia.
Reflexión: Resulta esperanzador ver cómo Dios mueve el corazón de un rey pagano para cumplir Sus promesas, demostrando que ninguna autoridad terrenal escapa a Su soberanía. Sin embargo, el verdadero desafío lo asumió el remanente que dejó la comodidad de Babilonia para levantar un altar sobre ruinas, priorizando la adoración por encima del miedo a sus enemigos. Esta es una lección vital: el primer paso para reconstruir una vida destruida siempre será restablecer nuestra comunión íntima con el Padre. El desafío de hoy es soltar la nostalgia por nuestras glorias pasadas y atrevernos a alabar a Dios por el nuevo cimiento que Su inagotable misericordia está edificando hoy en ti.
2. Lectura Bíblica (Reina Valera)
Pasajes: Esdras 1, Esdras 2 y Esdras 3.
3. Preguntas de Comprensión
Según el edicto proclamado en Esdras 1:1-2, ¿qué rey extranjero fue movido en su espíritu por Jehová para ordenar la reconstrucción de la casa de Dios en Jerusalén?
De acuerdo con las estadísticas demográficas registradas en Esdras 2:64, ¿cuál fue el número total exacto de la congregación que regresó junta en este primer remanente (sin contar a sus siervos, siervas y cantores)?
Al leer la colocación de los cimientos en Esdras 3:11-13, ¿por qué razón los ancianos y jefes de casas paternas lloraban en alta voz en medio de los cantos de alabanza y júbilo general?
4. Versículo Clave para Memorizar
«Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová.»
— Esdras 3:11 (RVR1960)