Ayer experimentamos el gozo del perdón y la promesa de que Dios está cerca de los quebrantados. Hoy leeremos los Salmos del 37 al 42, donde concluiremos el "Libro I" de los Salmos e iniciaremos el "Libro II". Aprenderemos a no impacientarnos por el éxito de los malos, a esperar pacientemente en el pozo de la desesperación, y a hablarle a nuestra propia alma cuando sentimos una profunda sed espiritual.
En la lectura de hoy, David nos regalará uno de los mayores manuales de sabiduría sobre cómo manejar la ansiedad frente a las injusticias de la vida. Luego, pasaremos de un lamento físico profundo a un rescate milagroso, culminando con uno de los salmos más hermosos sobre la depresión espiritual y el anhelo por Dios.
1. Enseñanza Devocional (Tiempo estimado: 8 minutos)
El Salmo 37 es un salmo sapiencial (de sabiduría) escrito en forma de acróstico. David, ya anciano, nos da un consejo de oro: no te impacientes a causa de los malignos ni envidies su éxito aparente, porque pronto se secarán como la hierba. En lugar de llenarnos de amargura, David nos da cuatro imperativos que cambian la vida: Confía en Jehová, deléitate en Él (y Él concederá las peticiones de tu corazón), encomienda a Jehová tu camino, y guarda silencio ante Él, esperando con paciencia. El salmo repite varias veces que "los mansos heredarán la tierra", una frase que Jesús haría suya en el Sermón del Monte.
Los Salmos 38 y 39 son lamentos marcados por un intenso dolor físico y emocional. El Salmo 38 es el tercer salmo penitencial. David está sufriendo una enfermedad grave, pero reconoce que sus llagas hieden a causa de su propia locura y pecado. Sus amigos se alejan y sus enemigos conspiran, pero él decide no defenderse y esperar en Dios. En el Salmo 39, David reflexiona sobre lo efímera que es la vida: "Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive". Reconoce que la vida es como un soplo y le pide a Dios que quite Su disciplina para poder respirar antes de morir.
El Salmo 40 es un glorioso cántico de rescate. Después del sufrimiento de los salmos anteriores, David testifica: "Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor". Dios no solo lo sacó del "pozo de la desesperación" y del "lodo cenagoso", sino que puso sus pies sobre una roca firme y le dio un cántico nuevo. El salmo afirma que Dios valora más un corazón obediente y oídos atentos que los sacrificios rituales.
El Salmo 41 cierra el primer gran libro de los Salmos. Comienza declarando bienaventurado al que piensa en el pobre, prometiendo que Dios lo librará en el día malo y lo sostendrá en el lecho del dolor. Sin embargo, en medio de su enfermedad, David sufre la peor de las traiciones: "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar". Siglos después, Jesús citaría este exacto versículo para referirse a la traición de Judas Iscariote.
El Salmo 42 abre el Libro II de los Salmos y fue escrito por los hijos de Coré. Es la radiografía de una depresión espiritual. El salmista está lejos de Jerusalén y siente que Dios lo ha abandonado. Expresa su dolor con una imagen inolvidable: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía". Sus lágrimas han sido su alimento de día y de noche. Pero en medio de su tristeza, hace algo brillante: deja de escuchar a su alma y empieza a hablarle a su alma: "¿Por qué te abates, oh alma mía...? Espera en Dios; porque aún he de alabarle".
Reflexión: El Salmo 37 nos enseña que el "deleite" antecede a la bendición. Cuando Dios es nuestro mayor placer, nuestros deseos se alinean con los Suyos, y Él nos concede lo que pedimos porque pedimos lo que a Él le agrada. Por su parte, el Salmo 40 nos recuerda que a veces el rescate de Dios no es inmediato; requiere que esperemos "pacientemente" en el lodo. Y si hoy te encuentras en un momento de oscuridad espiritual o tristeza profunda como el autor del Salmo 42, aprende su táctica: no dejes que tus emociones dicten tu realidad. Háblale a tu propia alma, recuérdale quién es Dios, y ordénale volver a poner su esperanza en el Único que puede salvarla.
2. Lectura Bíblica (Reina Valera)
Pasajes: Salmo 37, Salmo 38, Salmo 39, Salmo 40, Salmo 41 y Salmo 42.
3. Preguntas de Comprensión
En el Salmo 37:4-5, ¿qué debemos hacer en relación con Jehová para que Él conceda las peticiones de nuestro corazón y haga Su obra?
Según el Salmo 40:1-2, después de esperar pacientemente en Jehová, ¿de dónde sacó Dios a David y dónde puso sus pies?
Al leer el Salmo 42:1-2, ¿con qué animal y con qué acción compara el salmista la inmensa necesidad que tiene su alma de encontrarse con Dios?
4. Versículo Clave para Memorizar
"Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará." — Salmo 37:4-5 (RVR1960)