Llegamos hoy al majestuoso final del libro de Isaías. Después de sesenta y tres capítulos de asombrosas profecías, juicios, promesas y la revelación del Mesías, el libro concluye llevándonos desde un clamor desesperado por la intervención divina hasta la visión más gloriosa del destino final del universo: los cielos nuevos y la tierra nueva. Además, descubriremos qué es lo que más atrae la mirada del Creador de las galaxias.
1. Enseñanza Devocional (Tiempo estimado: 7 minutos)
El capítulo 64 es una oración apasionada, un clamor nacido de la angustia. El profeta mira el estado de su nación y exclama: "¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras!" (64:1). Es el deseo profundo de que Dios intervenga visiblemente en un mundo roto. Isaías reconoce la total incapacidad humana para salvarse a sí misma, declarando una de las verdades más crudas de la Biblia: "todas nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia" (64:6). Nuestras mejores obras, cuando intentan comprar la salvación, no tienen valor ante Su santidad. Sin embargo, en medio de esta impotencia, la oración se vuelve tierna y confiada: "Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste". El profeta apela a la relación; le pide a Dios que no se enoje para siempre, porque ellos son la obra de Sus manos.
El capítulo 65 es la respuesta de Dios a ese clamor, pero con una sorpresa que el apóstol Pablo citaría más tarde en Romanos 10. Dios dice: "Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban" (65:1). Dios anuncia que extenderá Su gracia a los gentiles (las naciones paganas) porque Israel, a pesar de que Dios extendió Sus manos todo el día, fue un pueblo rebelde. Dios hace una clara separación: castigará a los hipócritas que practican ritos paganos, pero salvará a Sus siervos escogidos.
El clímax del capítulo es la promesa de la restauración final: "Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento" (65:17). Dios describe una era eterna donde no habrá llanto, donde la muerte será abolida, y donde el lobo y el cordero pacerán juntos en perfecta paz.
El capítulo 66 cierra el libro estableciendo el contraste definitivo entre la religión vacía y la verdadera piedad. Dios declara Su inmensidad: "El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies" (66:1). Siendo tan grande, Él no necesita templos de piedra ni sacrificios ceremoniales de personas con corazones perversos (para Él, el que sacrifica un buey con maldad es como el que mata a un hombre). Entonces, ¿dónde fija Su mirada el Señor del universo? El versículo 2 nos da la respuesta: "Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra".
El libro de Isaías termina con la promesa de que Dios reunirá a todas las naciones y lenguas para ver Su gloria en la nueva Jerusalén, cerrando con una solemne advertencia sobre el juicio eterno de aquellos que se rebelaron contra Él.
Reflexión: El capítulo 64 nos recuerda una verdad liberadora: tú eres el barro y Dios es el Alfarero. A veces nuestras vidas se llenan de ansiedad porque intentamos quitarle el control al Alfarero, dictándole cómo debe moldearnos o qué forma debemos tener. Hoy, rinde tu voluntad y descansa en las manos del que te formó.
Por otro lado, evalúa tu corazón a la luz de Isaías 66:2. A Dios no lo impresionan nuestras grandes iglesias, nuestras donaciones o nuestros títulos religiosos. Sus ojos recorren la tierra buscando un corazón humilde que "tiemble" ante Su Palabra, es decir, alguien que la respete, la crea y la obedezca con reverencia. Que esa sea la actitud con la que abras tu Biblia cada día. Finalmente, cobra ánimo: sin importar cuán oscuro parezca el mundo hoy, el Alfarero tiene preparado un cielo nuevo y una tierra nueva donde el llanto será olvidado para siempre.
2. Lectura Bíblica (Reina Valera)
Pasajes: Isaías 64, Isaías 65 e Isaías 66. (Con esta lectura concluimos el extraordinario libro de Isaías).
3. Preguntas de Comprensión
En Isaías 64:6-8, ¿con qué compara el profeta nuestras "justicias" (buenas obras), y con qué compara nuestra relación con Dios usando una metáfora de creación?
Según Isaías 65:17, ¿qué es lo que Dios promete crear, y qué pasará con el recuerdo de "lo primero" (las cosas pasadas)?
De acuerdo con Isaías 66:1-2, aunque el cielo es el trono de Dios y la tierra el estrado de sus pies, ¿a qué tipo específico de persona promete el Señor que "mirará"?
4. Versículo Clave para Memorizar
"Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra."
— Isaías 66:2 (RVR1960)